Cuadernos de Lavapiés |
![]() http://cuadernosdelavapies.blogia.com Líneas cuesta arriba.
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Abajo, tras un paseo de montaña rusa, Poseidón tomó el testigo, y las olas, antiquísimas como poemas épicos escritos en lenguas madre, hicieron el resto. Satisfecho, me senté en un mesón pequeño, a disfrutar del dinero de las dietas, ponderando si podía llamarse orgullo a la sensación de placer que me proporcionaba compartir con estos jóvenes partes del lugar donde vivo y “cositas, cositas, cositas” de la cultura en la que me voy cocinando, mal que bien. La mesa, guarnecida con la generosidad que proveen las dietas en metálico, parecía querer arrastrarme a una borrachera anacreóntico-nacionalista, regada por vino mediterráneo (whatever that means). Por suerte, uno de los alumnos pidió la cesta del pan, y lo llamó francés, en inglés, como era su costumbre y es la de millones de anglosajones. Yo le corregí: “payés”, querrás decir, que mira dónde estamos. La diosa Ceres, desnuda de mitología, salió corriendo de la sala cuando el estudiante, de Wisconsin por lo menos, me respondió que “al lado de Francia”; tanto, que menos tardaría en tocar costa gala un botecillo de aquellos azules y melancólicos que sesteaban en la cala cercana, que el más pajarero de los AVEs en cruzar monegros, ebros y llobregates y plantarse en Madrid. Me di por vencido en mi lucha molinera por salvar aunque fuera una sombra de orgullo nacionalista, cuando otro de los estudiantes se sacó un hueso de aceituna negra de la boca para exclamar cuánto le recordaba Cadaqués a Santorini. |