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Cuadernos de Lavapiés

Kurzo de Ehpañó

Pronunciamientos y pronunciaciones militares

El señor Rajoy, líder de la oposición conservadora en España, se pregunta en la radio, refiriéndose a las amenazas golpistas enunciadas por el Teniente General Angulo Mena, que “¿qué está ocurriendo en el país para que hayan tenido que hacerse dichas declaraciones?”. Acusa con ello Rajoy al Presidente del Gobierno y al Ministro de Defensa de ser los causantes de un supuesto desbarajuste nacional, y les responsabiliza en última instancia de que un Teniente General nostálgico haya dicho en público que, si las cosas se ponen feas, el Ejército saldrá a la palestra como garante de lo que haga falta.

Ahora bien, queridos niños, estamos tratando aquí con una estructura verbal con dos pares de cojones, con perdón. Así, el “hayan tenido que hacerse” es una construcción perifrástica que incluye un Pretérito Perfecto de Subjuntivo y un bonito reflexivo con valor de impersonal. Las declaraciones no nacen, sino que suelen hacerse, y por lo general, a manos (a labios) de un sujeto activo, que se pone las botas transitivas y se descuelga con un objeto directo: verbigracia, la declaración en sí. Por ello sorprende la elección sintáctica de Rajoy, de la que se desprende que las declaraciones estaban ahí, en alguna parte del limbo lingüístico, listas para salir a las ondas públicas, y que lo único que ha hecho Su Excelencia Angulo Mena ha sido ponerse firmes y darle a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

O sea, que el señor Rajoy entiende que unas declaraciones emitidas por un altísimo cargo militar, en las que se decía (otra pasiva con valor de impersonal) que el Ejército puede intervenir en cualquier momento en la vida política de un país supuestamente democrático han “tenido que hacerse”.  No sé de qué os sorprendéis, niños, si el señor Rajoy, a la postre, es el líder del Partido Popular, los mismos que hace poco decían desde sus asientos institucionales que la Guerra Civil “tuvo que hacerse”, saltándose a la torera el hecho de que aquello fue un alzamiento militar, cruel, violento y abusivo, contra un régimen democrático y elegido en sufragio por el pueblo. Alzamiento que acabó con la muerte de no sabremos nunca cuántos cientos de miles de españoles.

Otra cosa sería decir que “Franco empezó la Guerra porque tuvo que hacerlo”, y otra más peliaguda aun, añadir después: “con dos cojones”.  No oiremos en público a ningún líder del PP emitir exabruptos de tal carácter. Lo que ya no tengo tan claro, después de comprobar el uso que el señor Rajoy hace del reflexivo con valor impersonal, es que no lo piensen.

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Crema catalana en Cadaqués

El día anterior habíamos ido a Figueres, donde el frío siberiano filtrado de Pirineos desmentía a cada bocanada mis promesas de aire mediterráneo y temperaturas a nivel de Mare Nostrum. Mis estudiantes, treinta y tantos, de diferentes países pero unidos por su amor o su curiosidad por todo lo español, tuvieron la caridad de disimular mis mentiras. Les había prometido surrealismo, buena cocina, genialidad y la oportunidad de hurtarle el cuerpo al frío meseteño del Madrid al que han pagado por venir, pero el último deseo se pudrió como la hojarasca amarillenta, pesada de humedades e incapaz de levantar su último vuelo.
El Museo Dalí me fue de gran ayuda. Tanto genio y tan bien utilizado, tanta belleza y tantas preguntas sin contestar consiguieron que mis alumnos olvidaran el frío. Mientras la tarde avanzaba entre el gris que escupían las montañas, el efecto Dalí se apoderaba de todos, a medida que el autobús subía y trepaba. A pocos pero eternos kilómetros de Cadaqués, en una esquina donde la Península Ibérica se termina por las bravas, el cielo nos concedió una tregua, y un pincel caprichoso abrió un hueco entre las nubes, por donde se filtraron los rayos que Zeus tuvo a bien brindar, por intercesión quizá del veraneante más famoso del siglo XX.

Abajo, tras un paseo de montaña rusa, Poseidón tomó el testigo, y las olas, antiquísimas como poemas épicos escritos en lenguas madre, hicieron el resto. Satisfecho, me senté en un mesón pequeño, a disfrutar del dinero de las dietas, ponderando si podía llamarse orgullo a la sensación de placer que me proporcionaba compartir con estos jóvenes partes del lugar donde vivo y “cositas, cositas, cositas” de la cultura en la que me voy cocinando, mal que bien. La mesa, guarnecida con la generosidad que proveen las dietas en metálico, parecía querer arrastrarme a una borrachera anacreóntico-nacionalista, regada por vino mediterráneo (whatever that means). Por suerte, uno de los alumnos pidió la cesta del pan, y lo llamó francés, en inglés, como era su costumbre y es la de millones de anglosajones. Yo le corregí: “payés”, querrás decir, que mira dónde estamos. La diosa Ceres, desnuda de mitología, salió corriendo de la sala cuando el estudiante, de Wisconsin por lo menos, me respondió que “al lado de Francia”; tanto, que menos tardaría en tocar costa gala un botecillo de aquellos azules y melancólicos que sesteaban en la cala cercana, que el más pajarero de los AVEs en cruzar monegros, ebros y llobregates y plantarse en Madrid. Me di por vencido en mi lucha molinera por salvar aunque fuera una sombra de orgullo nacionalista, cuando otro de los estudiantes se sacó un hueso de aceituna negra de la boca para exclamar cuánto le recordaba Cadaqués a Santorini. 

"¿Qué tienen de postre?" pregunté a un camarero que pasaba, para disimular mi rubor. "Crema catalana, por supuesto", me respondió con una retranca que en nada delataba su acento germánico. "O tiramisú" añadió, ante mi abatimiento. "A fin de cuentas, esto es un restaurante italiano." 

"Arapas con queso"

No sé si alguien me leerá desde Venezuela, pero ante todo quiero decir que el título no es mío, sino cita literal de un programa de televisión emitido el otro día en un canal español, nacional y público. De hecho, en el canal que pasa por ser el de más alto nivel intelectual.

Se trataba de un documental de viajes, de factura inglesa, en el que un joven londinense con acento cockney viajaba por Venezuela contando sus aventuras. Como éstas dan hambre, el inglés se mete en un establecimiento, para almorzarse unas arepas, a las que llama erróneamente "arapas". Hasta ahí, nada que objetar, y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. El viajero/aventurero no sabe pronunciar arepa, ni falta que le hace, y el vendedor bien que le entiende, en todo caso. Lo que no es de recibo, ni se puede permitir, es que al doblarlo, a ninguno de los responsables del asunto se le pasara por la cabeza corregir el error. En "arapa" se quedó, y en "araparías" los establecimientos donde se sirven. Y no una vez lo dijo, sino muchas. Cosas de este país, que todavía necesita que vengan de fuera a contarnos, de mala manera y con errores de bulto, lo que deberíamos saber, porque nos toca y es nuestro.

Para no amargarme, pongo el partido de fútbol. La cancha verde aparece delimitada por vallas publicitarias. Una campaña en toda regla de un fabricante japonés de coches me saca de dudas: "Today Tomorrow Toyota". El partido se celebra en A Coruña, donde se hablan castellano y gallego, pero no inglés, gracias. Pudo haberse dado (al fin y al cabo los ingleses siempre mostraron una querencia por esta ciudad, si bien mostraban su amor a cañonazos), pero hoy por hoy sigue siendo Gibraltar el que ostenta la exclusiva de tener el idioma de Shakespeare como lengua oficial.

Quizá, en el fondo, Toyota haya dado en el clavo. Igual, en un futuro posible, vascos, catalanes, gallegos y demás ralea nos comunicaremos en inglés, que también es la lengua de un imperio, pero de uno que nos da buenos consejos, publicitarios ellos,eso sí; pero muy lingüísticamente correctos y claritos.

Lenguaje universal

El estudiante lleva en Madrid un año y medio, estudiando business, sin haber aprendido ni una sola palabra de español. Ahora ha decidido matricularse en un curso, pero se muestra no incapaz de aprender, sino de tomárselo con un mínimo de seriedad y dedicación.

Me pregunto y le pregunto cómo se las ha arreglado hasta ahora para relacionarse, y me responde que todas sus amistades, sean de donde sean, hablan inglés. Intento averiguar cómo hace para moverse por la ciudad con un nivel cero de comprensión, y menos quince de interés por averiguar qué pone en ese cartel del metro, y me responde que va a los sitios en taxi. Le pregunto dónde vive desde hace un año, aunque lo pone en su ficha, y no sabe contestar, incapaz de pronunciar el nombre de un aristócrata decimonónico al que acabaron por dar calle en la capital del reino. ¿Cómo indicas al taxista a dónde quieres ir? pregunto, y me cuenta que le enseña un papelito.

Intento, por fin, entrarle por el bolsillo, y le digo que tiene que prestar atención, y aprender al menos los números, entre otras cosas para evitar que le estafen por ahí, y que le cobren cincuenta por lo que debió ser quince. Me mira, pondera mis palabras, y me responde con un sonrisa genuina y confiada que no le preocupa lo más mínimo. "Mucho confías en la honestidad del español", le digo, desafiante en mi suficiencia. "No me importa", me contesta, sonriendo de nuevo con cara de inocencia y candidez; "yo les doy la Visa, ellos me traen el recibo, firmo entre las líneas y ya está", me dice, sabio y ajeno, mucho más alto que yo, mucho más etéreo, y a la vez, como los elfos de Tolkien, mucho más real de lo que podré serlo yo nunca.

Más documentales (chisme "a la Elvira Lindo")

Acabo de ponerle una vela al retrato de Carmen Caffarel que tengo en el pasillo, en un altarcico que le he hecho muy mono y muy apañado. Y lo he hecho porque este fin de semana, de encierro, me lo he pasado viendo documentales en la 2, casi sin pausa.

Ni quito ni pongo rey, ni ayudo a mi señor, que no tengo, y además soy demasiado perezoso para ayudar a nadie, pero si la comisión de sabios ha determinado que nos pongan más documentales, y la Carmen sigue aplicando el tratamiento, hasta es posible que disminuya la inflación del nivel de garrulería que provocaron ocho años de derechas interesadas. Aunque sea un poquito.

Lo que sí quiero es proponer temas, que ya está bien de tanto león del Serenguetti manducando gacelas Thompson. Y propongo una serie documental sobre una especie en expansión en nuestro territorio: el catedraticón post conciliar. A pesar del pesimismo maniqueísta de más de cuatro, este habitante de los círculos universitarios ibéricos no murió de un golpe de aire fresco, como se pensaba allá por los años de la libertad en ciernes, y sigue vivo.

César Vidal, martillo de herejes

Me resistía a hacerlo, pero hoy, mientras desayunaba, huraño como suelo, en la radio entrevistaban a César Vidal. Me he aguantado las ganas desde que los hipermercados del país (¿debería decir "de estos reinos", dado el asunto?) aparecieron alicatados hasta el techo de ejemplares de su libro "España frente al Islam"; pero después de que el tal Vidal (a quien, dicho sea de paso, todo dios se empeña en dar un don muy pidaliano, a cuento de no se qué) me fastidiara el desayuno de hoy con unas gotas de sabiduría puro estilo caspa ibérica y ultramontana, no he podido evitarlo: he aquí el exabrupto.

En esta excursión radiofónica, el asilvestrado Vidal se dedicaba a hacer memoria de las numerosas ocasiones en que Francia se ha aliado con "el Islam" (nótese la insistencia con que aparece este vago concepto en la boca y pluma de los principales islamófobos del siglo, como si el Islam fuera una especie de Mordor etéreo y omnipresente) para hacerle a España la vida imposible. Desde las alianzas entre Francisco I y la Sublime Puerta, pasando por los desastres de la Guerra de África, hasta llegar a nuestros días, dice Vidal, la perfidia gala se ha liado en contubernio oscuro y cuasi templario con la morisma, para hacerle la puñeta a la "Reserva espiritual de Occidente" hasta hoy, pues según él, Chirac se oponía a la Guerra de Iraq porque le vendía plutonio enriquecido a Saddam. Consejo a los alumnos del insigne profesor: en el examen, seguro que cae eso, o una de Ian Fleming. Y punto redondo...¡Olé los toreros buenos y los maniqueístas de a perragorda el kilo!

Prometo, en cuanto pueda, seguir con esta galería de los horrores, en la que analizaremos, niños y niñas, los perfiles de los más frikis ultramontanos de la hintelextualidá española. Próxima entrega: Pío Moa, el homófobo con menos vuelo de cuantas aves extintas picotean en los verdes campos de la neo-derecha.

Degradando América

Hoy en clase he intentado enseñarles a mis alumnos algunos gentilicios en español. Tras media hora de clase, con preguntas y respuestas, actividades en grupo (muy, pero que muy comunicativas, como mandan los cánones pedagógicos) y alguna que otra cosita más, a la mitad de la clase (a las cinco de la tarde...) poco más o menos, uno de los chicos, nativo de Nueva York él, recién llegado a España hace un mes, se me ha rebelado y ha dicho que no podía continuar en semejante tesitura. Ha recogido sus cosas y se ha marchado, dejándome a mí tranquilo, y al resto de la clase con dos palmos de narices.

La razón para la repentina "espantá" es la siguiente: "una cosa es oír críticas hacia mi país allá en casa, pero algo muy diferente es esto de estar en un país extraño, y ver cómo se degrada a los Estados Unidos de Norteamérica..."

Esto, claro, lo dijo en inglés, pero juro que la traducción es fiel. Cualquiera que me haya leído más de dos veces tendrá facilidad para imaginarme "degradando" EEUU y algunas de sus contradicciones, pero juro por lo más sagrado que ésta no ha sido una de las ocasiones en que he hecho tal. De hecho, hoy estuve callado en clase, dejando que los propios alumnos desembucharan con esfuerzo su español principiante. Así que puedo asegurar y aseguro que no fui yo, que por una vez no dije nada de los USA ni en contra de G.W. Bush.

Luego oí comentar a algunos compañeros del disidente que la noche anterior había estado de juerga, y que no tenía hechos los deberes, pero eso ya se le notaba antes de hacer el exeunt...

Uno le diría al chaval que decir que "americanos" son todos los del continente y no sólo los de la parte de arriba no puede ser degradante, pero para qué. Si después de ésta se me ha salido del aula, no quiero imaginar cuando me oiga decir lo que de verdad pienso sobre su gobierno y sobre numerosos aspectos de su sociedad...

Claro que, por otra parte, podría decirle la cantidad de cosas que admiro de los USA y su cultura, cómo me emociona la poesía de Langston Hughes o la prosa de Faulkner, cómo sin esa cultura sería imposible la música moderna, cómo gran parte de los principios que rigen su concepción de la vida me parecen las más altas cotas de la cultura occidental, o los más caros logros. Pero no haría nada por mi causa, porque este chico no conoce a Faulkner, ni sabe qué es un Langston Hughes (¿una marca de ropa?, ¿una ciudad de Inglaterra?, ¿un director de cine raro?). En realidad, lo único que este chico sabe es que está harto de que se metan con su país, porque el que no está conmigo está en mi contra, y porque, en su opinión, no se puede criticar lo que se ama, ni viceversa que mal rayo parta. Y bueno, tampoco sabe nada de español, ni cómo evitar que le abronque por no hacer los deberes, sin montar un pitote pseudo idelista de corazones patrios partíos.

Para aclararnos: el resto de los alumnos era en su mayoría estadounidense, y alguno se molestó de que ni siquiera a tantos kilómetros de casa le dejen criticar en paz lo que buenamente quiera, sin ser tachado de anti-americano por ello.
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Verbos regulares tirando a malos

Desde hace ya una tira de años el castellano no crea verbos nuevos de la segunda o tercera conjugación. Absolutamente todos los neologismos verbales del español terminan en -ar. Hagan la prueba, niños y niñas, e invéntense verbitos nuevos, verán como todos les salen de la primera.

Un servidor, que no lo quiere ser de la gramática, ha decidido subsanar (subsaner/subsanir) el entuerto, y por eso acabo de enseñarles a mis estudiantes de español para extranjeros un verbo nuevo: "acebir" de la tercera conjugación porque lo digo yo, y porque así se reconoce mejor el origen del verbo, que, dicho sea de paso, es sinónimo (neosinónimo) de mentir.

Yo acebo, tú acebes, él/ella acebe, nosotros acebimos, vosotros acebís, ellos aceben.
Mañana mis alumnos tienen examen. No les he acebido (mentido) cuando les aznareé (ordenomandé) que estudiaran su conjugación. Porque mañana cae seguro. Si lo sabré yo, que me invento los exámenes y pregunto lo que se me pepea...

Huntington y la lengua de las chachas

En febrero de 2003, la revista “Vanity Fair” publicó, en una sección de consultorio, algo que supo a insulto a muchos hispano-hablantes de EEUU, entre los que entonces me encontraba. Un lector pedía consejo por carta sobre qué idioma escoger como asignatura preferente de estudio. El responsable de la columna aconsejó a su lector que desechara la opción del español, proponiendo en su lugar el francés o el alemán. “La única utilidad de estudiar español” decía el consejero, “sería la de poder dar órdenes a la chacha en su propia lengua”, mientras que, con las otras dos sugeridas, se abrían posibilidades de conocer de primera mano culturas de verdadero prestigio.

Por supuesto que hubo escándalo, protesta y circulares de correo convocando a la queja colectiva. Pero por supuesto que todo quedó en pecado de lesa political correctness. Una actitud semejante frente a la cultura hispana parecen destilar las palabras del Prof. Samuel P. Huntington, en la entrevista concedida a El País y publicada en el suplemento del día 20 de junio de 2004. Afirma Huntington en su libro “¿Quiénes somos?: los desafíos de la identidad nacional estadounidense” que los hispanos de EEUU deben asimilarse, tal como hicieran en su momento polacos, irlandeses o italianos, y apunta al alto nivel de fracaso escolar entre los latinos como factor negativo en el proceso de integración. Lo que parece obviar el análisis de Huntington es que los niveles de fracaso escolar van parejos a los de renta familiar, y que un gran número de los hispanos de EEUU son mano de obra mal pagada, en un país donde la educación pública deja muchísimo que desear.

En cualquier caso, resulta decepcionante leer que el señor Huntington reconoce no manejar el castellano, y no leer ninguno de los 344 periódicos en español que se publican en su país. Mientras tanto, sus libros se traducen a nuestra lengua, y su persona alcanza una celebridad inconcebible entre los hijos de las chachas y lavaplatos que no han fracasado en la escuela, a pesar de todo. Y es que, detrás de la aparentemente perentoria necesidad de los hispanos por asimilarse a los valores anglosajones, y debajo del miedo de la sociedad americana hacia la multi-culturalidad que se les está colando de rondón, residen el desconocimiento y la infravaloración del español y lo hispano, percibidos como productos de sociedades supuestamente atrasadas y sin mucho que aportar a la cultura occidental.

Cuando el contacto lingüístico y/o cultural tiene lugar, la hegemonía o la supervivencia van de la mano del prestigio. Si los estamentos político e intelectual estadounidenses se permiten permanecer ajenos a los fenómenos culturales de la/s hispanidad/es, el prestigio del español seguirá siendo inferior al de otras lenguas, y la sociedad norteamericana seguirá percibiendo la “invasión desde el sur” como un peligro, en lugar de una oportunidad de enriquecer su cultura. Los muchachos y muchachas de origen hispano de las escuelas del país tienen que esforzarse por mejorar su nivel educativo, pero también la sociedad anglosajona está ante la necesidad de aprender que el idioma hablado por tantos millones de “subalternos” ha sido y es vehículo de culturas sin las que no se puede concebir la historia de nuestra especie.

Teclados infectos

Dicen que el teclado de cualquier ordenador de uso público suele tener más bacterias en activo que muchos otros ambientes que consideraríamos focos de infección. Dicen también que es recomendable lavarse las manos después de usar un cyber.

Los periódicos, si son de primera mano, no suelen traer microbios. Será que los mata la acidez de la tinta, ésa que te deja los dedos pringados y grises.

Acabarán inventándose los teclados asépticos, y puede que un día las rotativas escupan papel satinado, del que ni mancha ni contagia. Pero ¿cómo evitar que las palabras extiendan infecciones mucho más peligrosas? --se pregunta el enano, oculto tras su despacho, perdido en el telón de fondo de una bandera que también contagia, que contagia de colores.

Ángel

Beata Ysabel

Carlos Abella y Ramallo, embajador de España (de la España Eterna, martillo de herejes) defiende en ABC la beatificación de Isabel la Católica

Este artículo deberían publicarlo en Chiapas, o quizá deberían las autoridades post-coloniales hacerlo pregonar por un paje, acompañado de dos fijosdalgo de morrión, tizona y requisitoria. Me pregunto si se debería también, de acuerdo con la derecha ibérica, resucitar el bueno, bonito y barato invento de la encomienda. Será cuestión de consultarlo con los que entienden de economía neoliberal, porque quizá sea una buena idea para acabar con el desempleo. A la Beata Ysabel me la imagino como patrona de los barcos negreros, con estampitas suyas en el camarote del capitán. Lo malo es que, como la esclavitud ya no está tan bien vista, quizá sería mejor adecuar el futuro culto a la reina a las circunstancias políticas actuales. Propongo que se nombre a Santa Ysabel de Trastámara patrona de los patrones de pateras.
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Bienvenidos a España

UNIDAD 1
Lección 1

Ejercicio número 1. "Bienvenidos a Madrid"
La carta que Andrea escribe a sus familiares está llena de espacios en blanco. Léala una vez, y escoja de entre la lista palabras las más adecuadas para completarla. Razone después sus respuestas.

Hace pocas semanas que he llegado a Madrid. Aquí la vida no es fácil para alguien como yo. Al principio, lo más importante es encontrar alojamiento, así que nada más llegar a la ciudad cargué con mis maletas y me dispuse a encontrar un sitio donde vivir. En la _________________(estación de tren/aeropuerto) me dieron la dirección de un/a __________________(pensión/piso) donde alquilaban habitaciones.

La calle estaba en pleno centro, y había mucha gente por todos lados. A causa del tráfico incesante de ___________________(automóviles/tranvías), casi no podía oír mis propios pensamientos. Subí a la cuarta planta de un edificio viejo y desvencijado. Me abrió una mujer con cara de malas pulgas, que me miró de arriba a abajo con gesto desaprobador.
--Busco habitación --le dije con mi mejor sonrisa.
--Tú no eres de aquí, ¿verdad? --fue toda su respuesta.

Le contesté que era de __________________(Quito/Ourense) y, cerrándome casi la puerta, dijo que no tenía nada libre. Bajé a la calle. Alguien me seguía. Me di la vuelta para ver a un hombre bajito, de acento extraño que no pude reconocer. Me dijo que allí cerca había un lugar donde podría encontrar habitación.

--Los dueños son paisanos suyos, creo, y no tendrá usted el mismo problema --me dijo.
Le di las gracias, y me explicó que era huésped de la antipática señora de antes. Él también era de fuera, de __________________(Canarias/Polonia) y se sintió mal cuando vio la actitud de su patrona.

Por suerte, encontré alojamiento, y al día siguiente salí a buscar trabajo, tarea que no ha sido fácil. Los mejores trabajos ya están ocupados, y a los que acabamos de llegar sólo nos ofrecen los más duros y peor pagados. Tras llamar en muchas puertas, por fin conseguí uno en el mercado. Nos pagan muy poco, y nos hacen trabajar muchas horas, pero al menos se puede vivir, no como allá, en ______________(Ecuador/el pueblo), donde los únicos que pueden salir adelante son los caciques de siempre. De todas formas, he podido ahorrar unos cuantos _________________(euros/duros) para mandarles en un giro junto con esta carta.

En Madrid hay gente de todas partes. Se ven _____________(murcianos/colombianos), ____________(andaluces/marroquíes), ________________(asturianos/dominicanos), y por las calles se les puede ver, cada uno con sus guisos y sus músicas diferentes. Hay algunos que dicen que esta ciudad tiene muchos ladrones, y que la mayoría de los _______________(andaluces/gitanos/magrebíes) son peligrosos, porque te roban hasta la camisa. Un compañero del trabajo, que es de _______________(Cuba/Cuenca) dice que de uno en uno no son malos, pero que cuando se juntan varios de esa gente, son peligrosos, y es mejor no mezclarse con ellos.

A nosotros a veces nos toman por tontos, y no llaman ________________(sudacas/paletos), que es así como para insultar. También hay gente que le trata a uno con respeto, pero es preciso vencer primero su desconfianza. Por eso muchas veces nos juntamos entre nosotros, y recordamos juntos cosas de la tierra, y comemos nuestros platos, y cantamos nuestras canciones. Y eso también les puede molestar a algunos, sobre todo si nos oyen hablar a nuestra manera, se ponen nerviosos porque creen que estamos insultándoles en sus propias narices.

La gente de aquí siempre están hablando de sus políticos, y unos apoyan al ________________(rey/presidente), mientras que otros quieren cambiar las cosas, y que ganen los ____________________(republicanos/socialistas). Será porque yo no entiendo, pero a mí me parecen todos iguales. Más o menos lo mismo que pasa con nosotros, y es que creo que en todas partes hay casi de lo mismo, sólo que con los colores y los nombres cambiados.

Madrid, 30 de abril de ________________________ (1930/1969/2004)
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