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Cuadernos de Lavapiés

Se nos rompió el genoma...

Ayer, después de ver más fotos de soldados americanos abusando de prisioneros iraquíes, salí a la calle. Crucé la de Atocha, y al llegar a la otra acera, justo antes de que se me pusiera el muñeco en rojo, me di cuenta de que se me había caído el genoma. No es la primera vez que me pasa. Las otras veces se me ha ensuciado de porquerías que había por el suelo. En una ocasión se me rajó un poquito, por la mitad de una cadena de ADN muy mona que tengo aquí en la parte izquierda del sapiens. La metí en aceite virgen de oliva extra y me la llevé al dispensario, donde me hicieron un apaño evolutivo que quedó bastante bien, todo hay que decirlo.

Esta vez no he tenido tanta suerte. Para cuando me di cuenta de la pérdida, un autobús municipal de combustible no contaminante me había pasado por encimita del genoma, dejándomelo hecho unos zorros. “De todas formas” me dije “estaba todo sucio y ya me iba haciendo falta uno nuevo, algo más fashion y menos obsoleto”.

Ángel González García
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