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Cuadernos de Lavapiés

Cata Francia, Montesinos...

En la República Francesa, mientras tanto, a nadie parece preocuparle que el euskera para pobres que, con penurrias, se deja sobrevivir al otro lado de los democráticos Pirineos, se aúpe al carro de las dignidades. Curioso que en el estado donde el centralismo sí acabó por destrozar identidades hasta la extinción, el pueblo vasco no quiera serlo con muchas ganas. En el que los vascos prepirenaicos (mirando desde Marrakech) se montaron al carro del poder desde bien temprano (el Estado español, se entiende), en la tierra de María Santísima donde hidalguía, privilegios y fueros fueron sinónimo de euskalduna, en el país donde, en vez de ciudadanos de segunda hasta que se les cae el pelo del caserío, han sido durante siglos súbditos de business class, es donde más fuerza tiene la idea de la segregación. O quizá no sea curioso, sino lógico y de cajón.
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