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Cuadernos de Lavapiés

Canutos colegiales

Todos los días paso por delante de un centro escolar. Uno con verja, puerta de hierro y patio de recreo. Cada mañana, muchos alumnos del centro ejecutan el ritual lamido de la tira de goma de un papel de fumar, el inconfundible gesto de enrrollar sobre sí mismo el tabaco "aderezado", el encendido místico del cigarrillo de hachís, que escupe un humo denso, casi de incensario, que sólo su olor consigue distinguir del que acompañaría un servicio de maitines preconciliar, de cuando las misas todavía eran en latín, y dios aún no había aprendido idiomas.

Ayer, en las noticias, supe que el Gobierno ya ha desarrollado un plan para atajar el trapicheo y consumo en las escuelas del país. Ilustraron la noticia en prensa y televisión con imágenes de jóvenes estudiantes, haciendo novillos (pellas, rabona, etc.) mientras se lían unos canutos a la puerta del colegio. Pero no eran los que veo cada mañana, porque los que atufan el aire mañanero cerca de mi ventana vienen a clase en pequeños coches deportivos nuevecitos, de muchas válvulas y caballos de vapor, recién comprados por papá a cambio de un aprobado a tiempo, porque los papases de estos chicos y chicas son muy generosos, tanto como para pagar los miles de euros que cuesta que sus nenes aprueben una asignatura, y unos papás así no van a ver con buenos ojos que se acose a sus retoños, como si fueran hijos de inmigrantes, o de habitantes marginales de feos barrios del extrarradio pobre.

Así que, mientras más de cuatro adolescentes porreros van a estrenarse como delincuentes, y a posar quizá para el título que les acredite como poseedores de antecedentes penales, los que se ven desde mi ventana saldrán en la orla lujosa pagada a golpe de talonario por sus nada marginales progenitores, con los ojos un poco irritados y las pupilas contraídas, pero sin deudas con la sociedad ni visitas a correccionales. Total, por un porrito mientras faltas a clase, tampoco es para tanto. Siempre y cuando quede claro que uno es persona de bien, y no morralla de escuela marginal...

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