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Cuadernos de Lavapiés

Lavadoras en palacio

La monarquía española se ha decidido, tras muchos siglos, a centrifugarse los genes. El programa de prelavado, aclarado y adición de detergentes quitamanchas por fin se ha puesto a girar a unas cuantas revoluciones por minuto más de lo acostumbrado, y dentro de una o dos generaciones tendremos un rey con el ADN medianamente normal.

Cadenas de aminoácidos con Denominación de Origen asturiana se incorporarán a las proteínas reales, mientras el resto sonreímos beatíficamente, porque ha sido un gesto muy bonito, que nos ha llegado al alma.

Quizá dentro de 500 años, el futuro monarca (10% charnego para entonces) dé un paso más, y se case con una andaluza, o quizá con una melillense o una tinerfeña. O puede que hasta sea al revés, y la futurible reina post-sálica del siglo XXVII suba al tálamo real a un gitano almeriense. Y quizá dentro de otros 5 ó 6 siglos, el/la dinasta de turno se moje el culo y los cromosomas con salngre no sólo plebeya y astur, sino hasta ecuatoriana, marroquí o rumana, que de todo puede pasar en ese futuro maravilloso en que las instituciones prehistóricas seguirán siendo el molde de las maravillosas sociedades que están por nacer.

¡Cantemos con el corazón henchido de júbilo, como un coro de querubines, todos nosotros, los hidalgos y los villanos, los godos y los insulares, los cristianos nuevos y los viejos, los plebeyos y los no tanto! Si seguimos así, dentro de otro milenio habremos avanzado un tranquito.

Fersipando III, duque de San Simón
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