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Cuadernos de Lavapiés

Muerte y aceitunas

Madre yo tengo un novio aceitunero

que avareando tiene mucho salero

cuando me ve me dice: - Voy a morir por ti.- Madre yo tengo un novio aceitunero, aceitunero me gusta a mí.

Dale y dale a la vara, dale bien que las verdes son las más caras y las otras pa ti, tipití, tipití.

¡ Ay, que me voy a morir por ti!

Recogiendo aceituna él me decía

con palabritas, madre, que se moría.

Se acabó la faena y no lo he vuelto a ver

y eso que me decía que se moría por mi querer.

 

El novio aceitunero de la copla convierte en requiebro un “voy a morir por ti” lleno de erotismo, como todo en esta coplilla, que por algo está llena de hombres cimbreando sus varas y de virginidades de aceituna verde que se pierden en el olivar. Luego serán los mozos y los novios quienes se pierdan de vista, una vez caída del árbol la ansiada fruta. Hoy sabe a hiel ese verso, ese requiebro macabro, porque ayer comenzó el año y con él la cuenta nueva (¿o el borrón?) de mujeres asesinadas, y porque ayer cayó la primera, en un olivar, y porque siempre es ella la que muere por él, porque él la mata, porque…

Las uvas y las aceitunas tienen mucho en común, aparte de forma y tamaño semejantes. Son de la misma tierra; hace milenios que se conocen; crecieron y siguen creciendo juntas, y si pregunta uno por todo el Mediterráneo, se enterará de que se quieren mucho, tanto que parecen inseparables. Las uvas se pueden tomar de doce en doce y cerrar años. Las aceitunas, en cambio, pueden servir para abrirlos.

En Algarinejo, en la provincia de Granada, Pilar Pacheco Valverde cerró el año de Dios de 2005 comiendo uvas, como casi todos. Para abrir el 2006, Pilar optó por las aceitunas, y empezó el año vareándolas en un cortijo cercano a su pueblo. En los poemas de Lorca, la muerte que acontece en el olivar suele ser una muerte privada, un asunto íntimo entre el asesino, la víctima y el dios Sol, que observa y abrasa, mientras la navaja refulge y la sangre tiñe la tierra seca. A Pilar Pacheco también le sorprendió la muerte en el olivar, en el primer día del año, pero no en la intimidad, sino en presencia de diez testigos que vareaban olivos con ella. Su exmarido no se sirvió de la navaja lorquiana; le bastó una escopeta para convertir a Pilar en la primera mujer que muere asesinada este nuevo año en España, a manos de su compañero o ex-pareja. http://www.elpais.es/articulo/elpporsoc/20060101elpepusoc_3/Tes

 

 

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