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Cuadernos de Lavapiés

Paradojitas

Los mozárabes patrullan el kibutz

Vivo en la aljama global de Lavapiés. He pasado allí el último año intentando refugiarme del desempleo, y sólo hace unos días he conseguido la oportunidad de hacerlo. Salgo de Madrid al mando de un autobús repleto de estudiantes americanos, para dar una vuelta rápida por la España de las tres culturas y olé, antes de pasar un mes aprendiendo español de bolsillo en Alicante.

La primera etapa del viaje cultural nos lleva a Toledo, donde mis estudiantes sortean cuestas y esquinas desoyendo las lecciones turísticas de un guía que les habla de Alfonso el Sabio y de la convivencia. Por la tarde, en el hotel, leo que 7 palestinos han sido asesinados por miembros de un cuerpo de élite del ejército israelí, los “musta-arabí” (los mozárabes) quienes, tras infiltrarse entre los palestinos, les han tendido una emboscada. A dos esquinas del hotel donde nos hospedamos, la catedral primada de España llama a una misa mozárabe también, y la ironía sobrevuela los tejados, compitiendo en acrobacias con los vencejos de Toledo.

En Córdoba el mozárabe Eulogio se empeñó en ser mártir en una tierra y un tiempo que no daban la talla. Estaba harto de la liberalidad del Califa y de la tolerancia de las autoridades musulmanas, y consideraba el muy cenutrio que tanta libertad de cultos no fomentaba la rigidez sado maso de la feligresía. Ansioso de martirio y de gloria eterna, Eulogio se encaminó una mañana al centro de la urbe (la más importante de Europa en aquel entonces) y se puso a despotricar en voz alta contra el Corán. Aún así, le costó trabajo al mártir de vocación convencer a las autoridades cordobesas de que merecía la pena darle el gusto de mandarlo al cadalso. Pero tanto insistió y con tanto denuedo, que al final le sentenciaron, mientras el resto de los mozárabes cordobeses, mucho más sensatos y con menos ganas de cachondeítos, se hacían el sueco anacrónico, y se desvinculaban de Eulogio y sus exaltados como hoy quisiera Rajoy hacerlo de su Exaltado particular, que no es de la primera conjugación, aunque termine en –ar.

“Gentes de poca fe”, se les dirá a estos mozárabes antiguos que preferían respetar y ser respetados que andar a la gresca por un quíteme allá esos versículos, pero no hay que olvidar que aquellos mozárabes de entonces eran también unos infiltrados, unos “falsos árabes” que vivían a caballo entre dos mundos. En lo que a un servidor respecta, antes prefiero a aquellos musta-arabís sin redaños teológicos que a los de ahora, especie de agentes secretos mitad medievo mitad Franja de Gaza.

Días más tarde de la tarde venceja toledana, y tras boquiabrir a mis alumnos con la visión de la Alambra, ardiente bajo los neveros de la sierra, el autobús emprende camino hacia Alicante. Por éste me entretengo leyendo que un grupo palestino ha volado un puesto militar israelí, tras construir un pasadizo subterráneo de 300 metros, que atiborraron de explosivos. De nuevo la ironía se me pasa al vuelo de un vencejo, mientras veo un indicador de carretera que indica la cercanía de Galera, pueblo de nombre marinero y vocación de secano. Hace más de cuatrocientos años, Galera se preñaba de niños, mujeres y viejos, mientras las tropas de don Juan de Austria se estrellaban inútilmente contra sus muros inexpugnables. Esto es, hasta que los zapadores del Tercio escarbaron un túnel de muerte, y Galera saltó en pedazos, como el puesto militar fronterizo israelí. Nadie sobrevivió en Galera. El bastardo del Emperador ordenó pasar a cuchillo a la población, arrasar la villa y sembrar de sal sus contornos. Luego vino Calderón y escribió el drama de Álvaro el Tuzaní, enamorado de una de las víctimas moriscas, la Maleca, una bella granadina, presa del saco y gaznate sacrificado al odio. Pero eso, ya digo, sucedió hace muchos años; más de cuatrocientos, de progreso imparable, blanco y con plumitas.

“Demasiadas casualidades”, pienso, mientras el autobús corta las huertas de Murcia, camino de Alicante, bajo un sol parecido al que debe regar los kibutzim del milagro israelí, tomateros y meloneros como éstos, todos aliñados con sangre. Y temo el momento en que, de nuevo, tenga que explicar a mis alumnos quiénes eran los mozárabes, o cuántos españoles murieron reventados por otros. Y temo también que al llegar a nuestro destino, el periódico me vuelva a desafiar con la ironía de leer cómo unos hombres ametrallan a otros desde un castillo, a sabiendas de que ya todo está perdido o ganado, por el simple placer de asesinar al enemigo.
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Caruana for everybody

Hace más de mil años, un príncipe de los creyentes, Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah, se enamoró de una cristiana melquita, seguidora del patriarca de Antioquía. Tuvieron un hijo que, como era el legítimo del Califa, se crió como todo un príncipe en su ciudad natal de Kairouan. En un momento de su vida, y como el que cría cuervos, etcétera, el hijo del califa Aziz Billah se lio la manta a la cabeza, se quitó el turbante (simbólicamente speaking), y se hizo cristiano.

Su nuevo nombre, Pellegrino Caruana (que manía la antigua de confundir lugar de origen con apellido) quedó unido a partir de entonces a la historia de Malta y a la de los monjes hospitalarios, feudatarios y arrendatarios divinos de la isla mediterránea desde hace demasiados siglos. Por suerte, el que fuera espejo de creyentes tunecinos, malteses y berberiscos no vivió para ver a su hijo hecho un guerrero maltés de cruz en ristre, ni ninguno de los dos vivió tampoco para ver como el apellido Caruana se diseminaba por el Mediterráneo, sembrado unas veces por reyes aragoneses y otras por sus graciosas majestades británicas.

El caso es que algunos Caruanas se fueron al Reino de Valencia a probar fortuna, allá por los tiempos de Borjas y galeras reales, y a fe que la hicieron buena, al menos los sus descendientes, que hoy gobiernan el Banco Central Hispano de Santander y Castilla la Vieja. Así, uno de los descendientes de los malteses avalenciados de antaño es hoy el segundo de a bordo del señor Botín, que viene a ser un cargo parecido al de Smithers, adláter impagable de Montgomery Burns.

Otra rama de los Caruana dizque acabó en Gibraltar, haciendo compañía a los muchos malteses que la corona británica sembró en la roca, donde hoy son llanitos de pro sus descendientes, y entre ellos, cómo no, el señor Peter Caruana, sucesor de Bossano al frente de la británica colonia "on the rocks".

Hoy, a diez siglos vista de la conversión del hijo del Aziz Billah y a tres de la conquista de Gibraltar, Jaime Caruana sale al ruedo de la compra de Abbey National y declara con voz cantante sobre los beneficios de que una empresa bancaria española (valga la paradoja de dar nacionalidad a un banco) compre una entidad de la pérfida Albión. Mientras, y como para vengarse, el gobierno de su Graciosa Majestad envía un guantelete de estúpido desafío detrás de otro, como para convencer a sus súbditos de que "más vale roca sin bancos que bancos sin roca". Y otro Caruana, primo lejanísimo de aquel economista valenciano, sale al paso de las protestas españolas re-aconsejando que el gobierno de Castilla (y sus colonias añadidas) no se meta, mientras los roqueros llanitos y sus lanceros bengalíes pelan la pava por un quítame allá esos submarinos nucleares.

Catalanes de isla

Filadelfia. Finales del siglo XX. Un pasillo enmoquetado de departamento universitario. Puertas catedráticas cubiertas de pegatinas, artículos y exámenes entregados a deshora, colgando de un sobre de oficina reciclado. En una de ellas, una pegatina roja y amarilla. ¿Rojigualda?, puede, pero a barras. Dentro, un deseo: "El Catalá, cosa de tots".

"Un compatriota", pienso con la ilusión del recién emigrado, la que deja de hacer distingos que se quedan en la distancia. (Un servidor es "sub-despeñapérrico"). Llamo, y así conozco a Toni, un amigo a quien hace ya mucho que no veo. Toni habla castellano tal y como me lo esperaba, con acento catalán. Toni enseña literatura medieval. Cuando habla en inglés, Toni suena a nativo de Boston, con el dejo colonial de los Kennedy. Cuando habla italiano, me avergüenza su nivel. Toni es catalán de l'Alguer. Nació en Massachussetts, de padres venidos de esta esquina de la isla de Cerdeña.

En la calle, cuando Toni era chico, hablaba inglés. En casa, a veces italiano, cuando venían vecinos o amigos del barrio, de apellido napolitano, romañolo o genovés. Pero en familia se hablaba "dialecto", algo para los íntimos, algo carente del cosmopolitismo y la oficialidad del inglés o la lengua de Eco. Años después, oyendo hablar a los abuelos valencianos de alguien, en alguna casa del noroeste de los EEUU, Toni supo que el "dialecto" de casa era un catalán más arcaico y almogávar que el del Principat.

Chapurreau

Más de lo mismo:
En la esquina superior izquierda (mirando desde Mérida) de la provincia de Cáceres hay tres pueblos donde se chapurreaba hasta hace poco. Hasta que un filólogo compostelano frecuentador de platós televisivos se montó en un taxi madrileño. Iba hablando su lengua oficial autonómica (Fraga dixit)...O bien: iba hablando una lengua con 199 millones de hablantes en el mundo, en la que se han producido innumerables obras de arte, desde las Cantigas de Alfonso X hasta las canciones de Carlinhos Brown...O, mejor: iba hablando gallego con su acompañante, cuando el taxista, extremeño de más para allá de las Hurdes (según se viene de Talavera), le dijo algo en su chapurreau (así lo llamaban) que el filólo-gallego entendió a la perfección. “Admiróse el santiagués de ver que en su taxi blanco, un taxista cacereño le hablase en latín dos portos", y tiró del ovillo hasta dar con un secreto que no era tal para los habitantes, grandes y chicos, del Val du Riu Eljas. A saber: San Martín de Trebejo, Valverde del Fresno y Eljas.

Hoy no se chapurrea. Que no panda el cúnico, que la Fala de Xálama no se ha muerto. Recomiendo un paseo de turismo rural para oír a sus niños hablarlo con completa soltura. Lo que pasa es que antes, los del valle se referían a su lengua como un chapurreau, y hoy, desde que salieron en la televisión galega, se sienten orgullosos de ella.

Desde la Gallaecia de Fraga hubo intentos de "recuperar" la memoria de sus "hijos perdidos en el piélago de la Historia", pero a los hablantes de la Fala no les apeteció llamar "Madre Patria" a los exploradores gallegos. Portugal se desentendió del tema, aunque la raya queda a siete kilómetros, porque don José Leite de Vasconcelos se murió hace mucho.

La Fala sigue, y hasta en alguno de sus municipios las placas con los nombres de las calles publican nomis de rúa, pero no creo que acabe siendo lengua oficial de nada

Cruzamos la Raya y nos tomamos unas sidrinas

El pelo de mi dehesa tiene ambiciones de rizo filológico, por eso me ensaño con el tema de la europeidad de nuestras lenguas ibéricas. Hay por ahí un partido astur, que hace propaganda política en bable. Y hay una zona no desdeñable de Portugal donde se habla lo que habrían hablado los asturianos y los paisanos de Zapatero de no haberse castellanizado más que sus primos gallegos (que también tuvieron lo suyo de colonialismo cultural interno ¿o externo? ¿a qué?). El mirandés, que se habla en toda la zona menos en Miranda de Duero (qué cosas), porque a los de la ciudad les da cosa que les oigan hablar en "pueblerino", el mirandés, digo, es lengua oficial reconocida por la República Portuguesa.

Si de verdad nos lo queremos montar de Europa sin fronteras y de los pueblos, tendríamos que dejarnos de discursos políticos tipo parque temático, y entender de una vez por todas que la Europa de los pueblos ya está inventada. El mundo de los pueblos también. Lo que hay que hacer es darse cuenta de una vez por todas.

Cata Francia, Montesinos...

En la República Francesa, mientras tanto, a nadie parece preocuparle que el euskera para pobres que, con penurrias, se deja sobrevivir al otro lado de los democráticos Pirineos, se aúpe al carro de las dignidades. Curioso que en el estado donde el centralismo sí acabó por destrozar identidades hasta la extinción, el pueblo vasco no quiera serlo con muchas ganas. En el que los vascos prepirenaicos (mirando desde Marrakech) se montaron al carro del poder desde bien temprano (el Estado español, se entiende), en la tierra de María Santísima donde hidalguía, privilegios y fueros fueron sinónimo de euskalduna, en el país donde, en vez de ciudadanos de segunda hasta que se les cae el pelo del caserío, han sido durante siglos súbditos de business class, es donde más fuerza tiene la idea de la segregación. O quizá no sea curioso, sino lógico y de cajón.

Gallegos con ejército

El PP, supongo que porque le da vergüenza lo que causa orgullo a otros españoles (haciéndolos, de paso, algo menos aburridos), no quiere que la nueva constitución europea se haga en euskera, catalán, gallego ni ninguna otra lengua ibérica que no sea la castellana.

En el caso de que el PP gane las elecciones del domingo, pues, no habrá documentos con membrete UE en la lengua más antigua de Europa, ni en la que diera de mamar maravillas a las literaturas europeas desde la orilla occidental del mediterráneo.

Sin embargo, jamás podrá don Jaime Mayor Oreja impedir que el gallego (bajo denominación de origen portuguesa)siga siendo una de las lenguas reconocidas por la amante del toro blanco. Los habitantes de ambas orillas del Miño seguirán hablando lo suyo, y un orensano de Xinzo de Limia siempre sonará más parecido a un lusitano Minhoto que éste a un habitante de Funchal. Lo que pasa es que el de Valença hizo la mili en Mozambique, y el de La Guardia en Mallorca. Gallegos con ejército, o portugueses que nunca se independizaron, al cabo se seguirá escribiendo en galaico portugués aunque Zapatero se lleve el gato al agua.
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Chiringuitos de playa

El anuncio comienza con la imagen de un chiringuito subdesarrollado, techado de palmas, en una playa trópico-paradisíaca. Unos hombres negros, doblados con falsas voces cubanas, practican un diálogo con segundas, una estupidez digna de la revista de variedades más cutre de la posguerra más hambrienta.

"Mira, el mío es muy grande", dice uno. El otro responde "No es el tamaño lo que impolta, sino que vibre". La gracia desternillante consiste en que hablaban de sus teléfonos móviles, unos aparatos enormes y anticuados. El esperpento cupletero continúa, y uno de los parroquianos del chiringuito acaba yéndose (enorme Motorola del 84 atado a la oreja con un pañuelo) caballero en un borrico. A estas alturas, el acento gangoso que quiere pasar por castellano antillano, santiaguero, oriental o cimarrón, se hace ofensivo.

La voz en off sentencia: Si en el Caribe se tomaran las cosas tan en serio, no tendríamos Ron Malibú.

En la parte del Caribe que me ha tocado ver, los teléfonos móviles son de Telefónica Movistar y no son trastos obsoletos, aunque sí caros. Hay burros, como en otras partes, y la gente se preocupa, a veces mucho, porque la vida es motivo de preocupación.

En la República Dominicana y en Haití la gente no pasa el día en chiringuitos playeros, ni responde a la tragedia o al continuo martilleo de la injusticia con carnavales y danzones. A veces, la tragedia es tan terrible que hay que tomársela en serio, aunque en el mundo rico bajen las reservas de licores exóticos, o nos suban los precios del Ron Malibú.

Una multinacional británica (valga el contrasentido) vendió recientemente la marca a la empresa Allied Domecq, que también es una multinacional, y también británica, aunque el nombre nos evoque a Feria del Caballo y a coñac en el casino del pueblo. Dudo mucho que esta empresa consienta en que sus empleados de planta de producción se tomen a broma su trabajo.

Los guionistas y/o responsables de este spot publicitario parecen ser, en este caso, los únicos que se toman algo a broma. Ese algo es la identidad de gentes que no se pasan la vida “gosándola, mi amol”, que no tienen más remedio que tomársela muy en serio, que viven en la pobreza y el atraso, pero que no merecen por ello nuestra burla.

Al final del anuncio, uno de los personajes de carnaval cruel tiene que meterse en el agua para encontrar cobertura (se ve que en aquellas latitudes vergonzosas las compañías de teléfono no ofrecen los servicios de calidad que en España). Una vez en el agua, se observa cómo lo arrollan las olas de ese mar de paraíso tropical. Resulta indignante ver, a renglón seguido, las imágenes de los cadáveres que se acumulan en las márgenes de ríos secos que nunca debieron ser urbanizados, en La Española, la isla más desgraciada de América.

Ángel González

Anacronismos de a peseta

En el siglo XV, las aristocracias ibéricas dudaron poco a la hora de juntar sus apellidos a las cuentas bancarias de los judíos recién convertidos a la fuerza, o de los ex-nobles moros iraquizados por las huestes cristianas. Tanto fue así, que en los siglos XVI y XVII ya circulaban "libros verdes" en los que se sacaban las vergüenzas a los poderosos, señalando con dedo acusador los orígenes "sospechosos" de muchos de ellos. Ni el propio rey católico don Fernando de Aragón se libró de que se le echara en cara alguno de sus antepasados, de los que se quitaron la almalafia a tiempo.

En plena ebullición de la obsesión por la limpieza de sangre, hubo quienes reivindicaron con falso populismo el valor de la villanía, la supuesta pureza de una plebe que rabiaba de pobreza y desigualdad pero que, al menos, podía estar segura de no tener "mácula conversa" en su baja sangre no azul. A tal punto llegó la cosa, que hubo tratadistas que tuvieron que salir en defensa de los pobres nobles (que no de los nobles pobres, que también los había). Uno de ellos fue Pedro de Valencia, quien, de paso, echó un capote a conversos y moriscos. Según este autor, el mestizaje continuo y la mezcla de sangres (interesada o no) habían hecho imposible asegurar a cualquiera descender de una línea de cristianos viejos "puros". Incluso los que alardeaban de estirpe asturiana o montañesa, dice de Valencia, podían fácilmente tener una "oveja negra" en el árbol familiar, como la tenían sin duda casi todos los dones y señores de la España Inperial.La diferencia estribaba en que los de sangre noble conservaban la memoria de sus generaciones, mientras que el pueblo llano difuminaba sus memorias al cabo de pocas generaciones.

Hoy sucede algo parecido. Las estirpes asturianas continúan dando validez a quien accede al estamento superior, según parece, y el conocimiento de los antepasados sigue diferenciando a los poderosos de los don nadie. Si un servidor es un cualquiera, hoy como hace 400 años, lo tiene difícil para bucear entre los anónimos hijos de su sangre, o para averiguar la identidad de ese ejército de desconocidos que le precedieron en el anonimato plebeyo. Si uno es el príncipe heredero, con sólo acudir a un libro de Historia encontrará semblanzas, retratos y apellidajes de su ralea que se remontarán a la noche de los siglos.

No estoy en condiciones de decir nada (bueno o malo) de mis tatarabuelos, aunque ello no significa que no hubiera entre ellos sinvergüenzas, corruptos, maltratadores y abusadores varios. Pero de ellos no me ha quedado ni el nombre ni la sombra de una identidad. El príncipe heredero sí que sabe de los suyos lo que está en los escritos y lo que no, o al menos debería saberlo. Por suerte, yo no tengo que pagar por los supuestos delitos de mis desconocidos predecesores. Tampoco el príncipe heredero. Por desgracia, tampoco disfruto de prebendas que quizá ellos consiguieron a base de métodos semejantes a los que dieron al primer Borbón lo que el último hoy tiene. El príncipe heredero sí.

Ángel I de Lavapiés y V pino

Corto y cambio

Un barroquista manuelino como yo lo tiene crudo para hacerse el conciso. Tanto es así, que ese adjetivo me suena a cirugía, a pesadilla de neonato. Pero el caso es que llevo ya algún tiempo intentando aprender a escribir poco, a no enrollarme. El primer ejercicio que me impuse fue el de las cartas al director en El País, que tuve que ir desnatando poco a poco, para ver si así me colaban alguna en tinta y prensa. Luego, empecé a medir las columnas que más me gustaban, para ajustar mis piezas a la longitud en caracteres de lo que hacen Manuel Vicent, Juan José Millás, Eduardo Mendoza o Maruja Torres. Como no tengo dinero para un taller literario, me pongo ejercicios yo solito, como opositor de provincias.

Últimamente he decidido que tengo que sangrar con más generosidad la prosa, como los barberos antiguos, para que suelte humores malignos, y se me regenere un poco lo churrigueresco. Pero no tanto por imperativos estilísticos, como por necesidad cibernética. Porque en el cyber me cobran por tiempo, y les da igual si en el que empleo escribo Fortunata y Jacinta o un epigrama como el que este lo que sea quería ser, y ya nunca será, porque burla burlando al final me he enrollado, que igual viene de rollo, de los de piedra, en la plaza del pueblo, donde castigaban a los infractores, porque era un rollo quedarse encadenado al rollo por haber robado una gallina.

Ángel González García

Chico con tubo de pegamento

Se han pagado 93 millones de dólares por el Chico con pipa de Picasso. En Lavapiés los niños no fuman en pipa. Inhalan pegamento, que mata más deprisa.

Si me atreviera, quizá les haría una foto; quizá pediría a uno de ellos que posara frente a mi cámara digital, los ojos idos (ventanas de neuronas esquilmadas por el adhesivo), la postura lánguida, el tubo de “pega” barato en la mano pequeña, a imagen e imitación del cuadro del malagueño. Pero no me atrevo porque, mientras hiciese la foto, tan artística y tan inteligente (en cuanto que concepto), los demás chavales de la banda acabarían robándome la cámara.

Con 93 millones de dólares sobraría dinero para sacarlos de la calle, antes de que el pegamento acabe de pudrir, tan deprisa, sus pequeños cerebros.

Ángel González García
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Paradoja ¿nigeriana?

Paradoja ¿nigeriana? Artículo publicado hoy por El País. En un país africano, "tribus cristianas" masacran a los musulmanes, y vicecersa. Debajo, se nos asegura que "Hoy es el mejor momento para llevarte tu Crossfire", que es un automóvil muy bonito y seguro que muy moderno. Por coincidencias como éstas nos juzgarán un día los que vengan después. Claro que nosotros, para entonces, ya estaremos muertos.
Me pregunto, a riesgo de que me ataquen dos falangistas testosterones, qué coño está haciendo dios a estas alturas. ¿Será que hace como los dictadores pillados in franganti, y se va de viaje en un deportivo último modelo mientras sus supuestos hijos siguen asesinándose en su nombre?
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