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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2005.
03/01/2005
César Vidal, martillo de herejesMe resistía a hacerlo, pero hoy, mientras desayunaba, huraño como suelo, en la radio entrevistaban a César Vidal. Me he aguantado las ganas desde que los hipermercados del país (¿debería decir "de estos reinos", dado el asunto?) aparecieron alicatados hasta el techo de ejemplares de su libro "España frente al Islam"; pero después de que el tal Vidal (a quien, dicho sea de paso, todo dios se empeña en dar un don muy pidaliano, a cuento de no se qué) me fastidiara el desayuno de hoy con unas gotas de sabiduría puro estilo caspa ibérica y ultramontana, no he podido evitarlo: he aquí el exabrupto.
En esta excursión radiofónica, el asilvestrado Vidal se dedicaba a hacer memoria de las numerosas ocasiones en que Francia se ha aliado con "el Islam" (nótese la insistencia con que aparece este vago concepto en la boca y pluma de los principales islamófobos del siglo, como si el Islam fuera una especie de Mordor etéreo y omnipresente) para hacerle a España la vida imposible. Desde las alianzas entre Francisco I y la Sublime Puerta, pasando por los desastres de la Guerra de África, hasta llegar a nuestros días, dice Vidal, la perfidia gala se ha liado en contubernio oscuro y cuasi templario con la morisma, para hacerle la puñeta a la "Reserva espiritual de Occidente" hasta hoy, pues según él, Chirac se oponía a la Guerra de Iraq porque le vendía plutonio enriquecido a Saddam. Consejo a los alumnos del insigne profesor: en el examen, seguro que cae eso, o una de Ian Fleming. Y punto redondo...¡Olé los toreros buenos y los maniqueístas de a perragorda el kilo!
Prometo, en cuanto pueda, seguir con esta galería de los horrores, en la que analizaremos, niños y niñas, los perfiles de los más frikis ultramontanos de la hintelextualidá española. Próxima entrega: Pío Moa, el homófobo con menos vuelo de cuantas aves extintas picotean en los verdes campos de la neo-derecha. Eco-paradojasComo nunca te acostarás sin saber una cosa más, hoy me he enterado de que Sudáfrica fue, en 1991, el primer país del mundo en promulgar una ley de protección del tiburón blanco. Dos años después (!!!), el engranaje institucional del apartheid acabó por fin con la discriminación de los sudafricanos negros.
A veces, los sentimientos más ecologistas, más solidarios con la naturaleza y nuestros convecinos planetarios, esconden una completa falta de respeto por muchos de nuestros semejantes. Me pregunto si habrá tiburones negros, y si estarán, de existir, tan protegidos como los blancos de Sudáfrica (los tiburones, se entiende). Alí Bey, un catalán musulmán, espía de Godoy y agente de Napoleón"Es probable que el país abunde en minerales, mas estos tesoros quedarán ocultos mientras dure la ignorancia de sus habitantes". Esto escribe Domingo Badía, alias Alí Bey, uno de los personajes más apasionantes de la Historia Moderna de España, en 1807, durante su visita a La Meca.
Alí Bey no sabía entonces nada sobre el tesoro mineral que haría de Arabia, que entonces comenzaba a estar dominada por la dinastía Saudí, un país rico. Ironías. Tampoco cuando alaba al primer caudillo Saudí tenía motivos para saber en qué convertirían sus descendientes los petrodólares.
En cuanto a la supuesta "ignorancia" de los habitantes de la Península Arábiga, no se juzgue a Badía/Bey severamente por ello: en muchas otras ocasiones muestra profundos conocimiento, respeto y admiración por el mundo islámico, desde Marruecos hasta Turquía.
Viajes de Alí Bey, Colección Luxor. Editorial Óptima, 2001
04/01/2005
Kerbala, Bin Laden, y un catalán de hace dos siglosDicen que a Claudio Sánchez Albornoz le disgustaba muy mucho que se usara la Historia para explicar o ilustrar el presente. Claro que, por otra parte, ¿a qué se dedicaron él mismo y Américo Castro durante buena parte del siglo pasado, sino a eso?
Entiéndase que ir al estante con el gatillo presto, la idea fija y ganas de probarla a cualquier costa, echando mano del primer episodio histórico que se nos acomode al intento, es tarea aburrida y traidora. Pero habrá que reconocer que hay ocasiones legítimas, en las que la Historia se le abalanza a uno sin avisar, y en las que no queda más remedio que plantearse si la existencia de la especie es una eterna repetición de curso, llena de suspensos como era de esperar.
Digo esto, a modo de justificación si se quiere, porque acabo de leer lo siguiente, escrito en 1807 por Alí Bey en referencia a la invasión de Iraq por parte de Abdelaziz Ibn Saaud, caudillo wahabí y antecesor de los actuales reyes de Arabia Saudita:
Dueño ya de la parte interior de la Arabia, hallóse bien pronto Abdelaziz en estado de alargar su vista a los países adyacentes. Comenzó por una expedición a las cercanías de Bagdad. En 1801 fue cuando, al frente de un cuerpo de cromedarios se echó sobre Iman Hosseïn (la actual Kerbala), ciudad poco distante de Bagdad, donde se hallaba el sepulcro de un imán del mismo nombre, en un templo magnífico y lleno de las riquezas de Turquía y Persia. Los habitantes sólo hicieron una débil resistencia y el vencedor mandó pasar por el filo de la espada a todos los hombres y muchachos varones de todas las edades. Mientras se ejecutaba tan horrible carnicería, un doctor wehabí gritaba desde lo alto de una torre: "Matad, degollad a todos los infieles que dan compañeros a Dios". Apoderóse Abdelaziz de los tesoros del templo y lo hizo destruir; saqueó y quemó la ciudad, la cual quedó convertida en un desierto. Alí Bey, Viajes de Alí Bey. Ed. Óptima, 2001
A la sazón, Iraq se encontraba subyugado por el Imperio Otomano, al menos nominalmente. Que es como lo está hoy en día (sobre el papel al menos), sólo que esta vez bajo férula estaodounidense. Los turcos eran vistos por los wahabíes saudíes como invasores ilegales e imperialistas corrompidos, cuasi peores que un infiel. Una gran diferencia: los seguidores de Abdelaziz Ibn Saaud no tenían acceso a Internet, ni se habían sacado todavía el carné de conducir coches bomba. Por su parte, los chíies de Kerbala también eran mal mirados por el celo excesivo de los seguidores de Abdulwehab, que además les considerabas aliados del enemigo turco. Como consecuencia, acabaron pagando con un acto de crueldad digno de un asirio antiguo.
203 años más tarde, Kerbala volvió a sufrir un destino cruel, precisamente mientras se celebraba la festividad que conmemora al Imán Hussein, mencionado por Domingo Badía alias Alí Bey. También esta vez los chiíes de Kerbala se encontraron en el fuego cruzado entre dos enemigos o entre dos fanatismos: el del interés y el de la fe. Demasiados paralelismos en poco más de dos siglos.
Quizá Sánchez Albornoz tenía escrúpulos a trazar semejanzas entre pasado y presente, porque creía que el ser humano debe ser entendido en su contexto temporal; o que las situaciones, por mucho que se parezcan desde la perspectiva de la Historia interesada (y ¿cuál no lo es?), en el fondo son siempre diferentes, porque son distintos los individuos que las protagonizan. Es cierto, y Abdelaziz Ibn Saud no es Saddam Hussein, ni el Imán Hussein tiene que ver con el exdictador iraquí, ni Bin Laden es wahabí, ni Bush puede compararse del todo con el sultán otomano, ciego a todo lo que no fueran retribuciones y ganancias. Pero cada vez me parece más cierto que, aunque diferentes, todos los seres humanos, cada uno en su contexto, somos igual de imbéciles, desde Alejandro Magno a Donald Rumsfeld. Aventura del vizcaínoTodo esto que (Don Quijote / Zapatero) decía escuchaba un (lehendakari / escudero) de los que el (coche / plan)(acompañaban / apoyaban), que era (nacionalista / vizcaíno), el cual, viendo que no quería dejar pasar el (coche / plan)adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al (Parlamento de Euskadi / Toboso), se fue para (Don Quijote / Zapatero) y, asiéndole de la (lanza / Constitución), le dijo, en mala lengua castellana y peor vizcaína, de esta manera: --Anda, caballero que mal andes; por el Dios que criome, que, si no dejas (coche / plan Ibarretxe), así te matas como estás ahí vizcaíno. Entendiole muy bien (Don Quijote / Zapatero), y con mucho (sosiego / buen rollito) le respondió: --Si fueras (caballero / demócrata), como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y tu atrevimiento, cautiva criatura. A lo cual respondió el (vizcaíno / lehendakari): --¿Yo no caballero? Juro a (Dios / Sabino Arana) tan mientes como cristiano. Si lanza arrojas y (espada / Estatuto) sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo, y mientes que mira si otra dices cosa.
07/01/2005
CanicasEn los últimos días han aparecido dos noticias relacionadas con las canicas. Y no, ninguna de ellas hablaba de la nueva afición de Bush por tan antiguo juego, sino de un suceso acaecido en Palestina, en el que varios muchachos murieron por culpa de un obús israelita, que les pilló jugando con sus canicas. La noticia ha dado la vuelta al mundo, incluso algunos han negado su autenticidad, alegando que se trataba de hombres, no niños, y que no jugaban a las bolas, sino que estaban preparando atentados. Según las arqueólogas bolivianas Reina Cedillo Vargas y Carmen Lechuga García, el de las canicas es un juego casi tan antiguo como la propia necesidad de divertirse (leer artículo en Esmas). La palabra canica, según el diccionario, llegó al castellano del neerlandés, por la vía de un francés dialectal que dejó su huella en el catalán caniques. En origen, se trata de una palabra germánica, relacionada con el verbo knikken (=romper o aplastar), a su vez relacionada con el inglés to knock, primera parte del universal knock out o K.O., que es como quedaron los chavales palestinos, estuvieran o no jugando al gua. En inglés moderno, a las canicas se les llama marbles, que también es mármol, porque a finales del siglo XVII empezaron a importarse unas de este material, importadas de Alemania. ver fuente Hoy, en inglés se dice que alguien "pierde sus canicas" (to lose one's marbles), cuando en español diríamos que chochea, algo que quizá tenga que ver con la calidad de símbolo de la infancia que llegó a adquirir este juego, cuando se decía de alguien que había llegado a la mocedad porque "había dejado de jugar a las canicas". La otra noticia relacionada con estas bolas de cristal sin vocación de adivinas mostraba ayer a un bombero español en Sri Lanka, enseñando a un grupo de niños supervivientes del tsunami a jugar, tirando bolitas a un hoyo practicado en la arena de la devastación. Los chavales parecían encantados, mucho más de lo que pueden haberlo estado los miles de niños españoles ante sus nuevas playstations. Sin embargo, es muy posible que también para estos niños, como para los de Palestina, haya llegado la hora de dejar de jugar, demasiado pronto. No siempre hay un culpable de lo que no es justo. A veces, el juego termina trágicamente porque algunos han "perdido sus canicas" y la pagan con el más débil. Otras, sencillamente, la Tierra impone su ley y, como es una bola, acaba haciendo que todo parezca un juego imposible de ganar.
09/01/2005
AsteroidesEs lo que tiene ver la tele, y estar conectado a Internet al mismo tiempo. La película se llama Asteroide, creo, y en ella Bruce Willis tiene que salvar al planeta de un enorme cuerpo celeste (del tamaño de Texas, que se pronuncia con jota, by the way). Le eligen para viajar al espacio, plantarse en el asteroide y perforar una mina en la que insertar varias cabezas nucleares, y lo hacen porque se trata del mejor profesional de las plataformas petrolíferas del mundo. Hasta ahí, bien. Pero cuando el héroe se entera del marrón que le ha caído encima, expresa con cara de circunstancia heroica: "Seiscientos mil millones de personas, y me tiene que tocar a mí".
No escribo para hablar de lo patético que se puso Hollywood a costa del milenarismo. Escribo como traductor de inglés que no pudo encontrar trabajo como tal en más de año y medio de tocar puertas, y digo que, según el traductor que proporcionó a la compañía, el inglés "six billion people" equivale a eso, a seiscientos mil millones, que son mucha, mucha, pero que mucha gente.
Quizá no sepan el traductor, ni el director de equipo de doblaje, ni el coordinador de programas, ni ningún otro cargo de ninguna de las empresas implicadas en la traducción, doblaje y distribución del film, que en inglés americano, un "billion" equivale exactamente a mil de nuestros millones, de modo que la cantidad se reduce a un 6000 millones, que sigue siendo una muchedumbre, pero que, de momento, cabemos en este planeta tan frágil.
A partir de ahora, y aprovechando que tengo Internet en casa (no conseguí trabajo de traductor, pero lo logré) empieza mi cruzada contra las barabaridades que algunos canales televisivos, productoras, etc. se dejan escapar demasiado a menudo. Si les aburre, sírvanse avisarme.
10/01/2005
Un milagro en equilibrioAcabo de empezarlo, y antes de que se me salga el (pseudo) crítico literario, quiero decir que Lucía Etxebarría tiene toda la razón del mundo: no hay literatura que tenga que ver con la preñez. Llevamos varios milenios dejando por escrito nuestras neuras, nuestros miedos y ansias, pero demasiado poco sobre algo tan universal y necesario como la Muerte: el Nacimiento y lo que le precede.
Preñez, dice la narradora, que no embarazo. Embarazo es más bien lo que se lee en la cara de la Madonna de Fra Angelico, que seguro que nunca vio un cordón umbilical en su vida. Y embarazosas son las idealizaciones cristianas de la obstetricia, por mucho que le gusten a uno los belenes.
Lucía no lo sabe, pero da la casualidad de que estaba a mitad de la enésima relectura de Fortunata y Jacinta, cuando me regalaron Un milagro en equilibrio. Y gracias, porque necesitaba un poco de eso, encharcado como estaba en la maravillosa novela de un maravilloso autor y ser humano que fue Galdós, de nombre Benito y de sexo obviamente varón, por muy adelantado a su tiempo que fuera. Es Fortunata y Jacinta, entre otras muchas cosas, una historia de dos mujeres; una que no puede concebir hijos y otra, su rival, que sí puede, como también puede conquistar el amor de un imbécil que las dos se disputan en desigualdad de condiciones. Fortunata parió y perdió el niño, y Galdós pasa por ahí en muy pocas páginas de esas finas de la editorial Aguilar, de fuente infinitesimal y párrafitos apretadísimos.
Lucía Etxebarría, en cambio, escribe sobre todo lo obviado, lo olvidado. Y no será de extrañar por ello que algunos críticos y catedraticones de este país acaben por considerar el último premio Planeta como una fruslería, de ésas que se les presta atención por el qué dirán y porque, en muchos despachos, departamentos y aulas de España, la literatura femenina todavía es una moda "que seguro que pasará, como todas". Como si el ser mujer y escribir fuera un género literario...
13/01/2005
¿Esta tarde en la BBC?Acabo de hablar con un señor de la BBC Radio, que me va a entrevistar esta tarde, para que dé mi opinión sobre el Plan Ibarretxe. Lo juro. Ha sido de rocambol, pero igual salgo esta tarde después de las seis y media. Lo malo es que, como soy tan poco serio, se me ha olvidado preguntarle a señor de la BBC en qué programa salgo. Mission AbortedEl mundo de la noticia tiene estas cosas, y mi "bautizo radiofónico" va a tener que esperar mejor ocasión. "We are no longer running that story, I'm sorry. Thank you for your time" me dijo el señor inglés. Otra vez será. O nunca. 13/01/2005 17:57 #. No hay comentarios. Comentar. Lo mismo de siempreExtremismos de ideologías nacidas hace casi un milenio y medio. Contraataques cruzados de fundamentalistas que rigen una estación espacial de acuerdo a unas reglas redactadas hace cuatro mil años, bajo un sol abrasador. Furibundos egoísmos tan de siempre como los del becerro de oro, que hacen carroña del semejante con la misma desfachatez de hace dos mil años. Nietos de monarcas geriátricos (que heredan el privilegio a través de la sangre, como en las épocas más oscuras de la Historia humana) disfrazados de sicarios que propugnaban la exterminación de una raza. Muertos y más muertos en un mar que ni es rojo, ni se abre para dejar pasar a quien huye de plagas que ríase usted de las bíblicas. Obispos ultramontanos que encargan frescos catedralicios con una mano, mientras la otra condena al hombre que quiere amar a otro, a la mujer que renuncia a unirse al macho (divino o humano)... El milenio acaba de empezar, y ya apesta a la misma podredumbre viciada de todalavidadediós.
22/01/2005
Senatus Populusque TexaniG. W. Bush ha hecho albóndigas verbales en su discurso de posesión, con la carne picada de demasiadas víctimas. La ha aderezado con una salsa en la que la palabra "libertad" hasta se hizo empalagosa, y ha bailado al son de la autosatisfacción frente a los principales contribuyentes a su campaña.
Su toma de posesión ha sido la escenificación calderoniana de lo que un francófilo llamaría la "estrategia del fait accompli", y que en vernáculo sería bien traducida por "la política del por cojones". Su verdadera toma de posesión tuvo lugar en Florida hace cuatro años, de manera ilegal. Pero, una vez dentro, el okupa neo-conservador se ha hecho fuerte, asegurándose la reelección. Para ello, hacía falta invadir un país, y lo hizo, mintiendo pero sabiendo que a lo hecho, pecho, y que no hay mejor disculpa que la no emitida o la que llega cuando ya no hay remedio.
El heredero a la presidencia de los EEUU ha prometido llevar la libertad a todos los rincones del orbe, y lo ha hecho desde un escenario con el documento de la constitución de los EEUU de fondo. También los cónsules romanos se las prometían exitosas a la hora de recetar civilización a las asilvestradas tribus europeas de la época, y de semejante modo se pronunciaban las capitulaciones que daban carta casi blanca a los conquistadores españoles en las Indias. Llévese la cruz de Santiago, el SPQR o las barras y las estrellas, cambian en realidad sólo los símbolos y las excusas. Las de imponer latines civilizadores, bautismos de salvación o democracias importadas "por cojones" ha servido, mayormente, para esquilmar oros, dorados o negros, y para poco más.
El re-ungido tejano ha machacado la palabra libertad hasta dejarla sin pulpa, pero ha tenido el detalle de prometer reformas en la política social de su país. Ante su promesa de privatizar la seguridad social, me he acordado de los autobuses de pensionistas neoyorquinos que pasaban por delante de mi casa, camino de Canadá, en busca de medicamentos baratos. Algunos de ellos eran veteranos de guerra que tenían que pasar horas en la carretera para conseguir medicinas en un país donde no tuvieron un Vietnam ni han empezado el siglo exportando libertad, pero donde existen y funcionan la sanidad pública. Hasta para los vecinos yanquis que derramaron su sangre por su país o se desangraron a impuestos.
Lo peor de aquellos viajes, me contaron, no eran las horas de espera, ni las paradas obligadas por próstatas renqueantes, sino el acoso al que les sometían los propios guardas aduaneros estadounidenses, cuando regresaban de la excursión farmacéutica. Les llamaban anti-patriotas, y les hacían vaciar las maletas, y hasta les humillaban por irse a comprar genéricos en el país vecino, en vez de pagar precios que no podían permitirse con sus pensiones de Cenicienta.
Algunos de estos pensionistas soñaban con el día en que Fidel Castro se bajara del burro, no para irse de jineteras y dinios, que a su edad ya no, sino para poder encontrar un médico decente a precios humanos, no más cruzando unas millas de mar color turquesa. Aunque, claro, para alcanzar tal meta, antes sería necesario imponer allí también, de una vez por todas, esa "libertad" que Bush babeó anoche "urbi et orbi".
Ángel González Los últimos mohicanosAcabo de ver en televisión "El último mohicano" en su más reciente versión y, aunque no sé si esta superpoducción fue rodada en Nueva Zelanda o Patagonia, tal es la magia del cine, que me podido creer que los majestuosos paisajes de fondo eran en realidad las Adirondacks, las montañas del norte de Nueva York, donde viví algún tiempo.
Mi casa estaba frente al río Mohawk, en el valle del mismo nombre. A la espalda subían los taludes del valle, cubiertos de una selva impenetrable durante unos pocos meses al año, de nieve y troncos pelados lo restante. En la otra orilla, una macroautopista que sigue la ruta del norte, la misma por la que los franceses entraron y los ingleses subieron, los iroqueses entraron y los algonquinos salieron. Ahora la cruzan incesantemente camiones enormes con matrícula de Quebec, en un contínuo movimiento de vehículos que es la verdadera vida de aquel país, una sociedad entera construída al lado del camino, para servirle y darle comida rápida, cama y refresco de soda cargado de hielo. A veces, desde mi ventana podía ver el valle en toda su majestuosidad, e imaginar el espíritu de un romántico como Fenimore Cooper, alimentado desde pequeño con historias sucedidas por aquellos contornos, hace muchos años, muchos antes de que incluso el joven novelista viviera allí, conociendo a quienes habían conocido a los indios. Por eso su mohicano, su indio, tenía que ser el último, porque había nacido de las historias de los viejos colonos,cuando ya había desaparecido la huella de los primeros habitantes de esa tierra tan dura.
Esos mismos colonos que contaron historias al joven Cooper son también los que vieron a Rip Van Winkle salir un día al bosque y nuca más volver. Nunca, claro está, hasta demasiados años después, tras despertarse de una siesta de pesadilla. Por eso por allí cerca, encajonado entre farallones, queda el paso de Rip Van Winkle, entre dos peajes y no muy lejos de un área de descanso, exactamente igual a todas las áreas de descanso de la Interstate 90.
Pero después de irse los franceses, los indios y hasta los ingleses, se fue con ellos la frontera, y el valle del Mohawk pasó el siglo XIX creciendo pacíficamente. Hasta que llegó Edison, inventó la electricidad a sus orillas, y se dio inicio a un período de riqueza y opulencia. Cuando yo vivía allí aún se podían ver las huellas de esas épocas, en la multitud de edificios que fueron fábricas, batanes, estaciones de ferrocarril, almacenes fluviales, y que de alguna manera parecían mucho más antiguas que las invisibles, erradicadas, de los últimos indios. Frente a mi casa, una enorme fábrica vacía, con sus propios muelles, vacíos de vagones de un tren que ya casi nunca pasa por allí. Desde finales del XIX hasta los años cuarenta del XX, del río Mohawk salieron la mayor parte de los guantes vendidos en el mundo. También suministraron sus factorías alfombras a miles de hogares pequeño burgueses, y paraguas y tiendas de campaña para las guerras y uniformes para la marina y delantales de hule, hasta que un día aquello se fue al garete, y la gente se fue en busca de otra vida. Los que quedan malviven entre un índice de desempleo que se puede ver desde el coche, conduciendo por sus pueblos y ciudades desmayados, y los pocos empleos que dan las prisiones privadas.
Tras ver la película, me he dado cuenta de que nunca conseguí idealizar ni en parte aquella tierra, mientras viví en ella. Ahora, al recordar las aventuras del holandés que se quedó dormido y se le fue la vida, o la del último representante de un pueblo que se desvanece de la Historia, o las reseñas de las batallas épicas entre holandeses, indios, ingleses y franceses, me pregunto por qué no le dí esa oportunidad a aquel lugar, pensando que todos los escenarios pueden ser buenos para representar algo memorable, que todas las piedras tienen un jugo que merece la pena exprimir. Luego, me conecto a Internet para escribir algo, y la curiosidad me pica un poquito. Recuerdo que en My Yahoo aún tengo vínculos a las noticias locales de Schenectady, en Upstate New York, incluyendo el parte meteorológico local. Hoy, finales de enero, se ha registrado una máxima de 14 grados bajo cero, centígrados que para eso tengo un convertidor automático. A las doce del mediodía, y teniendo en cuenta el factor viento, la sensación de frío para el cuerpo es -25°C. En esas condiciones, y mirando la silueta amarilla de un Macdonald's al otro lado del río, es difícil idealizar nada.
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