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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2005.

12/06/2005

Archivos churriguerescos y Unidad Patria

La Plaza Mayor de Salamanca es de color anaranjado, que es un tono muy poco común para una plaza. Cuando el sol de antes de ponerse incide en las piedras de la Plaza Mayor, éstas sacan a relucir su alto contenido en hierro, y brillan de una manera especial,con un brillo que hace posible perdonarle a Salamanca la velocidad cruel y afilada de sus ventiscas invernales, o la poca vergüenza y caridad cristianas que muestra su sol estival, un sol de dehesa y tostadero que sólo al atardecer y sólo gracias al hierro se hace amable.

A pesar del hierro coquetón de su masa, las piedras de Salamanca son como barras de mantequilla caliente y, cuando el cincel del cantero las acomete, se dejan hacer de todo, como amantes entregados. Y si el cantero, harto de la frigidez franciscana del granito, se siente inspirado, hará gemir a la piedra salmantina en contornos suaves y lúbricos, para darle al sol y al hierro cama en que hacer sus cositas, y que el Tormes lo vea.

En la Plaza Mayor de Salamanca, un número no desdeñable (por más ganas que se tengan de ello) de castellanos de León se reunió para protestar contra el traslado de los Archivos que ahora protege la piedra férrica y feérica salmantina. Muchos abanicaron el techo de cielo raso mesetario con pancartas rojigualdas en las que se leía "España y Archivo = Unidad", con todo el descaro de quien está cansado de tapujos, y decide cortar por lo sano, y "que sea lo que Dios quiera", voluntad que suele coincidir con la de quienes se declaran sus hijos predilectos.

Mi compañera, que tiene tendencia a ver el lado bueno de las cosas, comenta qué buena cosa puede llegar a ser, si bien se examina, que una sociedad se eche a la calle para reclamar que no les quiten los papeles, lo libros, la memoria de su Historia. Veo el envite/embite y subo la apuesta, recordando el adagio trasnochado que suelo repetir a los grupos de turistas que acompaño a la ciudad del Tormes: lo que Natura no da, Salamanca no lo presta.

Claro que, en este caso, el exceso de celo por conservar, no un campo de pozos petrolíferos, sino un montón de legajos y documentos, esconde una chuleta, una trampa estudiantil y tuna de alumno pícaro y aprovechón, de los que da gusto pillar en pleno examen, "con las manos en la masa, en flagrante, sin recurso de apelación": la Memoria Histórica tan cacareada, pancarteada y asociada a la sacra misión de conservar la unidad de todas las españas no es propia, y los documentos de que se trata fueron robados por un gobernante ilegítimo, que pretendió con ello sancionar lo que la victoria por las armas le había otorgado.

No se trata de devolver un oro de Moctezuma que a su vez el desdichado emperador había robado a base de miedo y mamporros, sino de desfacer el entuerto perpetrado por gente que ahora está muerta (y por otra que sigue viva o embalsamada, y que incluso detenta aún cargos de máximos poder y responsabilidad). Quien roba al ladrón tiene cien años de perdón, debió pensar el menos cortés de los hernanes, cuando dejó las novelas de caballerías para meterse a conquistador en sociedad anónima comercial; pero en el caso del robo que nos ocupa, aún ni siquiera ha prescrito la moratoria refranera.

"Archivo y España = Unidad" es una solemne tontería, o una metáfora desafortunada, según se prefiera, malparida por la derecha catódica y neocatecumenal para congregar jubilados pelayos a la luz mágica de la piedra churrigueresca de la Plaza Mayor. Contagiado por la fiebre de eslóganes sandios,me dejo llevar y pienso que, según el Partido Popular, lo que Franco robó, Salamanca no devuelve, y me avergüenzo ipso facto. Debe ser el ambiente anaranjado y latiniculto de esta maravillosa ciudad esculpida en piedra castellana de mantequilla leonesa, que me hace perder los papeles y el sentido del ridículo. Al final, me eximo de pecado, y me acojo al sagrado del precedente. Después de todo, en Salamanca se han dicho frases memorables ("decíamos ayer"), pero también otras menos afortunadas, como las que ladró Millán Astray, un tío abuelo hipertenso y con mucha mala leche, paladín no tan antiguo de esa misma unidad rojigualda y torera que la ecuación conservadora (¿de qué?) igual a los dichosos Archivos de la discordia.

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12/06/2005 14:36 #. Tema: Crónicas de San Simón Hay 1 comentario.

Candidiasis

Esa palabra siempre me ha hecho pensar en elecciones, votaciones y candidaturas presentadas. Aparte, claro está, de evocar indeseables pesadillas venéreas. Por eso quizá la elijo de título a esta penosa petición.

Hay una votación, sí, que no aspiro a ganar. Pero al que le apetezca votarme, que sepa que el único resultado será el de alegrarme la mañana. Y que hará con ello una buena acción. Quizá entre unos votos y la desaparición definitiva de este invierno tan largo consiga salir de sopores.
12/06/2005 14:56 #. Hay 1 comentario.

21/06/2005

En defensa de (insert word), no contra los (insert minority)

Alabama, 18 de junio de 1969. Un periódico local se hace eco de la convocatoria organizada por el comité estatal del Partido Republicano, en la que se hace un llamamiento general para que las clases activas de la ciudadanía salgan a protestar por las calles de la ciudad. El gobierno federal, un grupo liderado por los radicales de Kennedy, los demócratas del Noreste, filocomunistas y partidarios de la diabólica teoría de la Evolución, tal y como la postuló el demonio barbudo y simiesco de Darwin, ha decidido acabar con las instituciones más sagradas de la sociedad estadounidense. Las leyes antisegregación amenazan con destruír lo más sagrado, lo más tradicional y lo mejor de un mundo que se resiste a morir a manos de esos radicales de Washington. Hoy saldrán a la calle para decirlo bien alto.

Para llegar a un mayor número de personas de bien y pro, el periódico local ha repartido, gratis, una tirada especial, que se reparte por las calles, las paradas de autobús, los centros comerciales y las gasolineras.
En la portada del periódico se lee:
"En defensa de nuestras tradiciones, este sábado: manifestación a favor de lo nuestro". Para aclarar las dudas de los menos convencidos, el subtítulo, en letra pequeña y con la boca del mismo tamaño, especifica, fariseo: "No en contra de los negros".

Antes de subir al tranvía que le llevará a su oficina, un empleado de seguros blanco, de camisa a mangas cortas y sombrero de periodista deportivo, asiente y murmura, lo suficientemente alto como para que puedan oirle los demás viajeros, todos blancos por ley: "nada en contra de esos negros de mierda, siempre y cuando recuerden cuál es su sitio, y no se atrevan a salir de sus barrios y querer usar nuestras playas, piscinas, colegios y transportes públicos".

Tras veinticinco minutos de trayecto, decido bajarme. En la cabecera de la avenida, comienza a formarse otra, protegida, como los toreros con ganas de triunfo, por una pancarta a modo de capote. En ella se lee un mensaje que me deja de piedra. No por el contenido, sino por porque no está escrito en inglés sureño y confederado, sino en castellano de Castilla. "En defensa de la familia. No contra los homosexuales." Mi excompañero de tranvía, que acaba de transformarse en un jubilado de Ávila, vuelve a gritar para que se le oiga, oiga, que ya está bien de rojeríos y mariconadas. Contra los bujarras, eso sí, él no tiene nada. Siempre y cuando se queden, like those fucking niggers, in their place.

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21/06/2005 12:46 #. Tema: Paradojitas Hay 3 comentarios.

24/06/2005

De cruzados, aves extintas y otras glorias patrias

Soy masoquista, y todas las frustraciones que de ello se deriven se me hacen tan merecedoras como el que murió por gusto y hasta la muerte le supo a delicia. O sea, que no busco la empatía cuando confieso lo que hice el viernes pasado, justo antes de salir de viaje de trabajo a Sevilla y Córdoba. El trabajo consistía en llevarme a varias docenas de estudiantes americanos a visitar mi ciudad natal y la que la antecede en preponderancias béticas y o ribereñas.

El acto masoquista consistió en llegar al quiosco, husmear como quien se sabe víctima inminente de un largo viaje, y dar con una de las nuevas publicaciones que adornan nuestros estantes patrios: "Historia de Iberia Vieja". Por si la elección léxica a la hora de darle título no diera pistas suficientes sobre la ganadería de este novillo cuernón que acaba de entrar en el tentadero del debate pseudo histórico hispano, véase en su quiosco más cercano la portada elegida para vestir su primer número: un jinete medieval cristiano y muy coquetón, obra decimonónica y decimotodo que no hay que tenerle en cuenta a don Marceliano Santa María, su autor, a quien Dios tenga en su gloria. Nada tengo en contra de un buen jinete cristiano y medieval, lo que pasa es que el que me ocupa me resulta antipático por lo decimonónico, por lo facha y porque aparece saltando en su corcel (árabe a pesar de todo) sobre los cuerpos asustados, desnudos y animalescos de lo que según su autor era el palenque del caudillo moro Al Nasir.

La acción, verídica o legendaria, viene a ser nuestra carga de Balaklava ibérica, y en ella un grupo de caballeros castellanos, leoneses y bien nacidos hacía escabechina de otro de esclavos africanos que, atados y encadenados a postes, sólo muestran, además del miedo, su admiración por la manifiesta superioridad de aquellos peludos y barbados hijo del Señor don Santiago de todas y cada una de las Españas.

La pintura decimonónica es la pintura decimonónica, y el que esté libre de pecado que tire el primer Fortuny, pero el problema del cuadro de Santa María no es el cuadro en sí, como tampoco lo es que Santiago siga matando moros en los altares de media España. El problema es que una revista de supuesta divulgación cultural ponga el cuadrito para ilustrar una recreación histórica de las Navas de Tolosa que suscribiría el propio Jose Antonio (Cousin of the Riverside).

Porque, sí, queridos niños y niñas, la revista Historia de Iberia Vieja ha venido al quiosco de este nuestro barrio de derechas para dar rienda suelta a las fantasías más ñoñas y patrioteras de la españadetodalavida, pero con una pátina de supuesto rigor histórico y científico. De la vocación y el talante neo-cruzado de esta publicación pueden dar fe las palabras de su barquero insignia, en el artículo inaugural de esta prenda, de la que aprovecho para comentar que más hubiera valido imprimirla en pergamino, aún a riesgo de caer en el anacronismo:

"Parece claro, por tanto" escribe el ex-comunista exaltado y neo paladín de la derecha castiza, Pío Moa "que España existe como entidad política y cultural reconocible desde Leovigildo, y que, inlcuso anegada por la marea musulmana y fragmentada en varios reinos, el ideal nacional persistió con potencia bastante para recobrar la unidad perdida en la mayor parte de la península. Unidad amenazada hoy de nuevo por los separatismos y por la intervención islámica, la cual, asombrosamente, ha logrado con un solo golpe cambiar de arriba abajo la política española".

Ganas me dan de imprimir el texto, enrollar el folio en el que aparezca, y dar de lleno con él en el coco al próximo alumno que me cuestione la utilidad de estudiar la Historia. Pero como eso, aparte de muy poco profesional, resultaría muy de derechas, prefiero achantarme y contar cómo leí esta maravilla de artículo (intitulado "¿Desde cuándo existe España?) de camino a Sevilla, en un autobús lleno de veinteañeros estadounidenses que escuchaban sus Ipods, en vez de prestar atención a lo que yo les contaba por el micrófono del autobús (versiones in situ de la batalla de Las Navas de Tolosa, al tiempo que el autobús bajaba a toda pastilla las curvas benévolas del moderno Despeñaperros). Como ya me ponía pesado, y la cultura hay que darla dorando la píldora para que no amargue, dejé de intentar contar por qué o por qué no se llamaba aquello Depeñaperros, y a poco de cruzar el cartel de bienvenida de la Junta de Andalucía volví a sumerrgirme en las procelosas y patrióticas palabras del Moa, que no sólo el nombre tiene de ave extinta, sino también las ideas.

Luego vinieron las llanuras fértiles del Valle del Guadalquivir (seguro que Moa lo llama Betis a cada ocasión que tiene) y el hotel bien situado y el descanso de tantas horas de carretera y sol. La lectura masoquista de Pío Moa y sus nuevos compis me hicieron querer fraguar quijotescas explicaciones, situaciones estúpidas en las que varias docenas de estudiantes de Massachussetts se quedaban pasmados mientras yo les explicaba el significado de un patio lleno de naranjos, interconectados por mini-acequias, o donde los mismos alumnos flipaban de colores con mi historia de cómo Abderrahman I les compró a los cristianos cordobeses un trozo de su iglesia para acomodar en ella a los fieles musulmanes, en vez de tomar, robar, destruír o confiscar, para acabar rezando pared con pared.

No se me malinterprete: también cuento a mis alumnos cómo Almanzor hizo traer las campanas de Santiago a lomos de cristiano, cruzando la península que Moa considera, a estas alturas, la reserva espiritual de Occidente (todavía). Y también les cuento que no todo fue convivencia y tolerancia. Lo que al final resulta es un enorme pifostio mental por parte de estos chicos que salen del Mall de Boston para meterse en la Mezquita de Córdoba con un servidor, que les dice ora una cosa ora la contraria. Pero eso es precisamente lo que busco, un pifostio histórico en el que no se sabe nunca quién es el bueno y quién el malo, quién el moro traidor y quién el Cid mercenario. Cualquier otra certeza al respecto sería digna sólo de dinosaurios, dodos, moas y otros extintos.

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24/06/2005 00:04 #. Tema: Crónicas de San Simón Hay 7 comentarios.


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